Recomendamos: Apegos Feroces, el libro que reúne las memorias de Vivian Gornick

En Apegos feroces, la ensayista, periodista y escritora feminista Vivian Gornick (Estados Unidos, 1935),  nos narra sobre su vida e infancia en el Bronx y de la relación que mantuvo con su madre. Compartimos esta recomendación literaria que nos llega desde Biblioteca Viva Sur.

Por Bárbara Orellana, directora BV Sur.
Foto: El Periódico

Vivian Gornick nació en el Bronx de 1985, bajo el manto de una familia obrera de origen judío. Se ha hecho mundialmente famosa por sus aportes en lo que se denominó la segunda ola feminista en la década de los años 70 en los Estados Unidos, y por ser una destacada historiadora, ensayista y periodista. A su haber cuenta con una gran cantidad de ensayos y documentos periodísticos, todos en su mayoría en inglés, sin embargo sus dos obras fundamentales ya están traducidas al español; se trata de Apegos feroces (2017) y La mujer singular y la ciudad (2018).

Apegos feroces fue publicado por primera vez en 1987 y con más de treinta años de recorrido, hace solo uno fue publicada en español por  Editorial Sexto Piso, con la traducción de Daniel Ramos Sánchez. Su llegada a nuestro idioma llega a buena hora, justo cuando nos encontramos en medio de un debate intenso sobre el significado del ser mujer en la actualidad y nuestros roles en una sociedad patriarcal. Sin embargo Gornick,  sin perder este eje, también sitúa el rol de la madre y su singularidad, como un elemento central a la hora de definirnos como mujeres.

Así la autora a través de un ejercicio autobiográfico y con exquisito juego en los tiempos narrativos,  nos relata de manera a veces indirecta y otras muy directas, los efectos que significaron para el desarrollo de su madurez el estrecho vínculo forjado con su madre.

La trama del libro se sustenta con la excusa de pasar más tiempo juntas, dándose cita en largas caminatas por Manhattan, rememoran la vida de ellas y de las otras mujeres de sus vidas en los alrededores de los guetos del Bronx. Bajo este contexto se hacen presente distintas situaciones, todas llenas de ironía, sarcasmo, dobles lecturas e incluso resquemores por las personalidades de cada una de las protagonistas. La madre es quien juega un rol vital en el relato, la describe como una mujer intensa, deslenguada, luchadora social, pero a la vez como su peor enemiga, “«La relación con mi madre no es buena y, a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora».  La autora nos va entregando  situaciones muy íntimas de la relación entre hija y madre, siendo muy generosa al compartir escenas de alta tensión entre ambas, rescato una en particular:

«Voy al encuentro con mi madre. Vuelo. ¡Estoy volando! Quiero regalarle un poco de esta esplendorosidad que revienta en mi interior, insuflarle mi inmensa alegría de vivir. Solo porque es la persona que conozco desde hace más tiempo y porque en este momento amo a todo el mundo, incluso a ella.

-¡Ay mamá! ¡Qué día he tenido!-Le digo

– Cuéntame –  me responde. ¿Este mes te ha llegado para el alquiler?

– Escucha mamá- Insisto.

– Esa reseña que escribiste para el Times –prosigue-, ¿seguro que te la van a pagar?

– Mamá, cállate ya. Déjame que te cuente lo que siento-, replico.

-¿Por qué no llevas nada de abrigo encima? –Me grita-. Estamos casi en invierno.

El piloto del espacio que hay en mi interior empieza a parpadear. Sus muros se derrumban hacia adentro. Se me corta la respiración. Trago lentamente y me digo: <<Ten calma>>.

A mi madre le digo:

-Tú sí que sabes qué decir y cuándo. Es notable este don que tienes. Me deja sin palabras».

Uno de los hechos que marcará la historia y madurez de la protagonista tiene que ver con la relación que la madre mantuvo con su padre, la cual era envidiada por muchas mujeres del barrio. Ambos, para la mirada de los otros, eran unos enamorados del amor. Al enviudar prontamente, la mujer se ve cubierta por un espeso manto de tristeza que la sumió en la más profunda de las depresiones, empujando sin querer también en este abismo a su hija Vivian, quien durante años luchó para no verse reflejada en lo que se había convertido su madre.

Existe en este ejercicio de recuerdos la influencia de una tercera mujer, igual de trascendental que la madre, se trata de la amiga y vecina Nattie Levine, ella despertará en la joven el deseo y la sexualidad. Nattie, era una joven madre soltera, quien al enviudar decide librarse de los estereotipos y se abre paso a una vida altamente sexual, siendo objeto de deseo por lo hombres y ácidas críticas por parte de las mujeres del barrio.

Ante la dualidad de estas potentes figuras femeninas opuestas entre sí se desarrolla Vivian, llena de contradicciones e inseguridades, las cuales se hacen más latentes una vez que ingresa a la universidad y enfrenta sus primeros amores.

Bajo estos antecedentes es que trascurre la primera parte del libro y nos entrega las luces necesarias para comprender en lo que se convertirá el resto del relato.

 Así, pasaremos a transitar por los que serán las más importantes relaciones amorosas que mantendrá: Stefan, Davey y Joe. Tres hombres especiales pero muy distintos entre sí, quienes sellaron de diversas maneras su vida íntima. Stefan fue su esposo, un pintor y artista en quien Vivian vio a un compañero pero que al tiempo de casados comienzan a gestar un odio mutuo. Davey fue su primer amor del Bronx, años después lo encuentra por la ciudad y comienza la época de catarsis, liberándose de todos sus traumas reprimidos, fue una aventura que no duró mucho producto de la inestabilidad emocional de ambos. Finalmente Joe, un sindicalista varios años mayor que ella y casado, con el que mantuvo una relación de amantes durante largos 6 años. En las tres relaciones el sexo era el motor, pero también el impulso para descubrir que no existe el amor como un ideal perpetuo. A su vez  se vieron reflejadas las influencias de su madre, ya sea desde el trato que mantuvo, los sueños, sus miedos, la proyección con ellos y también los fracasos.

Para cada persona y especialmente mujeres que lean Apegos feroces encontrará en el texto situaciones que le harán reflexionar acerca de qué tanto las madres marcan nuestros destinos. Sin lugar a dudas leer este libro significará encontrarse con esa intimidad pocas veces tratada, esa complicidad que de manera explícita o no, mantenemos con nuestras progenitoras y que nos llevará a replantearnos cómo los apegos forjados desde la infancia nos determinaron como mujeres y sus consecuencias, desde los más amplios sentidos hasta reconocernos como mujeres, madres o esposas.

 

Vía: Biblioteca Viva / Recomendamos: Apegos Feroces, el libro que reúne las memorias de Vivian Gornick