Iluminada honestidad

El escritor norteamericano John Kennedy Toole, reconocido póstumamente por La conjura de los necios (1980), es también autor de La biblia de neón (1987), breve novela ambientada en un pueblo al sur de Estados Unidos, narrada desde la visión de un desencantado adolescente. Carlos Pérez, director y mediador de lectura de Biblioteca Viva Antofagasta nos cuenta más sobre esta novela escrita por su autor cuando tenía apenas 16 años.

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16 años. John Kennedy Toole (1937 – 1969) solo contaba con 16 temporadas en este mundo cuando se atrevió a escribir su primera y penúltima obra: La biblia de neón. Recordar esto. Pero vayamos al grano. Sin intención de arruinar la sorpresa a los potenciales lectores, es que debo anticipar que no pasa mucho de aquello. Bueno, quizás sí en algunas partes. El argumento es simple: David, una persona que vivió junto a su familia los años de su niñez y adolescencia en un depresivamente conservador pueblo ubicado en la parte sur de Estados Unidos, nos narra los sentires de su vida.

Probablemente la mezquina afirmación acerca de la simpleza de la trama producirá un inmediato y comprensible desinterés por conocer esta obra. Más aún considerando que actualmente nos encontramos en una verdadera vendimia de elaborados argumentos e insospechadas conclusiones en casi todas las historias que consumimos a través de los distintos medios a los que tenemos acceso. Sin embargo, la carencia de esos enredos de personajes y situaciones es lo que precisamente hace tan valiosa a esta novela.

La narración que hace el autor sobre las complejas situaciones que el joven David debe enfrentar a través de su vida es sencillamente conmovedora en su prosa y nos permite entender cabalmente lo que el afable personaje experimenta en su interior y cómo se relaciona con el desesperanzador entorno que durante su vida ha debido enfrentar. No hay análisis psicológicos o ensayos sociológicos de por medio, uno solo lee y comprende. A veces, para saciar la sed, no es necesario beber una lata de Coca-Cola hecha en la luna por ingenieros; el mismo alivio uno lo puede encontrar en la llave del lavatorio de su hogar.

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Los personajes son intrigantes y entrañables, pero no por tener alguna agenda oculta o intenciones desconocidas, sino por la preciada naturalidad con la que se insertan y desenvuelven en la trama, sin pretensiones argumentativas en pos de una estructura: padre y madre de David influyen en él con la lógica importancia que tienen los progenitores sobre sus hijos. A medida que avanzamos en las páginas, su tía Mae ofrece el necesario respiro cómico en medio del desencanto que, al parecer, no afecta más que al lector, pues en el pueblo conviven con normalidad personas que a uno le daría pena ver y rabia conocer. Estamos hablando de un pueblo al sur de Estados Unidos de mediados de la década de los treinta y cuarenta, cuyo estancamiento en aspectos civiles y valóricos sería censurable hoy en día. No obstante, en términos de la trama, son muy necesarios y se agradece la fidelidad en cuanto a su descripción.

Sobre el escritor, sabemos que John Kennedy Toole es autor de una de las obras más celebradas en la historia de la literatura de Occidente: La conjura de los necios, galardonada en 1981 con el Premio Pulitzer. Su autor no asistió a la ceremonia, pues se había suicidado 12 años antes, a los 31 años de edad producto, según se especula, de una depresión causada por el rechazo de diversas editoriales hacia su novela. Años después, en 1987, luego de que la madre de Kennedy Toole encontrase unos viejos escritos de su hijo, es publicada La biblia de neón. Tras predecibles entuertos legales, finalmente salió a la luz la primera obra del que ya era considerado uno de los escritores más influyentes de la literatura norteamericana.

Al leer La biblia de neón, es innegable la capacidad narrativa que Kennedy ya demostraba a temprana edad. Muchos escritores no son capaces de encontrar tanta facilidad hasta tener una avanzada experiencia en el campo. No obstante, es esa misma inexperiencia laudable –que se condensó en forma de fluida honestidad–, la que hace que el libro no lo pueda considerar como una obra indispensable, sino más bien como algo parecido a una figura arqueológica que me permitió comprender mejor el extraño y fascinante caso de su autor. No podría hablar con mucha propiedad sobre sus falencias estructurales, pero sí puedo indicar que hubo partes de la historia en las que los diálogos entre personajes simplemente no aportan al desarrollo de ciertas situaciones claves de la historia. Por otro lado, la falta de potencia en el esqueleto argumental puede transformarse en algo tedioso para quien no está familiarizado con el autor o el contexto de su publicación.

16 años. John Kennedy Toole sólo tenía 16 años cuando en su máquina de escribir concibió La biblia de neón.  No se nota. La novela tiene virtudes y ciertos vicios, pero es la honestidad del relato lo que hace que sea una obra inmediatamente aceptable para la mente y el alma.

 

Vía: Biblioteca Viva / Iluminada honestidad