El país de las últimas cosas

El reconocido escritor estadounidense Paul Auster nos cautiva con un relato de ciencia ficción que nos traslada hasta un extraño país en el  cual la gente llega a morir, un lugar marcado por la tragedia y la desesperación de sus habitantes. Rodrigo Sandoval, mediador de lectura de Biblioteca Viva Vespucio, nos cuenta más detalles de “El país de las últimas cosas” (1987) para que te animes a disfrutar de esta obra, disponible en nuestro catálogo.

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A todos los lectores que quieren olvidar las imágenes de progreso y buena vida, para sumergirse en un caldo bien preparado de desgracia e infortunio, les damos la bienvenida al país de las últimas cosas. Enmarcada en la categoría de distopía, la obra de Auster difiere en gran medida de novelas como La carretera de Cormac Mccarthy, o  los futuros propuestos por Philip K Dick, posicionándonos en un escenario más sensible, tal como lo hizo en El palacio de la luna, pero sin dejar de tener detalles que atrapan a cualquier lector, incluso por primera vez.

A través de una carta a un remitente que no conoceremos, Anna narra la búsqueda de su hermano en un país donde la gente llega a morir y a olvidar, donde la tragedia está en cada esquina y cada paso puede ser el último; un lugar donde los mercados legales son costosos y el  producto está casi descompuesto, dejando al mercado ilegal aprovecharse de los hambrientos desesperados, quienes por comer algo fresco arriesgan su propia  integridad. Los robos, las estafas están en cada lugar visible, cada persona refleja desconfianza, la moral se perdió junto a los buenos tiempos y ahora solo hay desesperación. Ni siquiera el clima ayuda, el ambiente es cambiante y el calor levanta el hedor de la basura y los cuerpos muertos aumentando las infecciones y enfermedades. Todo esto, sumado a los derrumbes constantes de edificios y la lucha por mantenerse en pie, pincelan un ambiente lúgubre para los habitantes, pero atrayente para el lector.

La muerte da un giro en este lugar y se vuelve algo más que un paso más en la vida, se torna una cultura. Partiendo con el homicidio planificado, donde la gente paga para que alguien vaya por él y lo asesine en cualquier momento de la semana, evitando el proceso de suicidarse, o permitiendo demostrar sus capacidades matando a su homicida y aspirando a una poco ética, pero mejor vida.

Auster explora de forma impecable las emociones de los personajes, con una narrativa pulida, ambientándonos en un escenario crudo, desolador, lleno de detalles sutiles y precisos.

También el suicidio se aborda de una forma compleja y delicada, tal como lo ha sido siempre: una decisión difícil. Desde los corredores, quienes en grupo se preparan física y mentalmente para dar un maratón sin descanso cuya fatiga terminará con su vida de alguna insuficiencia cardiaca, siendo rápida y empujada por los demás que ayudan a que sea un camino sin retorno. Pasando por los saltadores, quienes se apoyan moralmente al momento de dejarse caer desde los gastados rascacielos de esta ciudad perdida; cada muerte es tan importante como la vida misma.

La eutanasia se establece como el negocio principal de esta ciudad. Más allá del comercio,  de lo que hoy en día llamamos “morir con dignidad”, este acto es llevado al extremo y la gente ahorra para  aspirar a inyecciones mortales, algunas instantáneas, otras, más costosas son demorosas, ya que causan sensaciones agradables y placenteras antes de fallecer. Y donde los más acomodados pagan un proceso donde se revive la bonanza de los viejos tiempos dentro de un edificio, con buena comida y  el calor de una buena compañía, para llenarse de satisfacción y plenitud antes de dejar aquel terrible mundo.

La protagonista brinda una frágil perspectiva de la realidad que le toca cruzar, mientras hace el recorrido en esta tierra de nadie, llena de amargura, donde las peores conductas florecen y son exploradas de una forma tan precisa como lo hizo el autor en la novela Leviatán.
En una mezcla de miedo y sobrevivencia. Pero que también puede aflorar lo mejor en las personas, que, aun no siendo abundantes tienen comprensión, empatía y amistad e incluso permitiéndose amor para combatir el abundante dolor en una realidad donde la gente se aferra a la vida sosteniéndose de la esperanza. Sólo así Anna consigue avanzar en su búsqueda, aceptando todo lo que tuvo que dejar atrás para poder encontrar a su hermano, explorando sensaciones nuevas  y emociones llevadas al extremo.

Auster explora de forma impecable las emociones de los personajes, con una narrativa pulida, ambientándonos en un escenario crudo, desolador, lleno de detalles sutiles y precisos para crear al lector una panorámica extendida de la desesperanza y la agonía, fácil de comparar con cualquier escenario de guerra de nuestros tiempos. Ideal para los fans del género, pero también para aquellos que disfrutan de una novela llena de drama, sensibilidad  y genialidad, brindada por el escritor que nos trajo la trilogía de Nueva York.

Vía: Biblioteca Viva / El país de las últimas cosas