Daniela Catrileo, poeta: «Voy construyendo nuestra identidad a punta de esquirlas y memorias comunes»

Poeta y profesora de filosofía, Daniela Catrileo es autora de Río herido, libro de poemas publicado en 2013 y reeditado en 2018 por Edicola Ediciones. La escritora, merecedora en dos ocasiones de la beca que entrega la Fundación Neruda, estará conversando con sus lectores el próximo sábado 16 de marzo en Biblioteca Viva Tobalaba, a las 17 horas.

Por María Jesús Blanche S | Foto: Álvaro de La Fuente

Con un sinnúmero de voces literarias, familiares y filosóficas como referente, Daniela Catrileo (Santiago, 1987) llegó a la escritura de forma intuitiva, porque para ella la poesía es un aspecto cultural que antes de tomar forma, existía previamente como un gesto, un canto que posibilita el encuentro con las personas. Y bajo esta perspectiva, al pensarla como un acto comunitario, desde la sobrevivencia, su escritura no puede ser sino reflexión, acción, política. Su libro  Río herido (Libros del Perro Negro, 2013) es justamente eso. Un relato autobiográfico que visibiliza la migración mapuche a la periferia santiaguina, una historia común en la sociedad mapuche que da lugar a la diáspora de este pueblo.

En la antesala de su participación en las actividades del aniversario de Biblioteca Viva Tobalaba, conversamos con Daniela Catrileo, autora de la plaquette Cada vigilia (2007), Río herido, y el libro colectivo Niñas con palillos (Balmaceda Arte Joven Ediciones, 2014).

¿Cómo fueron tus primeros acercamientos a la poesía?

Partí desde muy niña escribiendo en mis diarios de vida y en una máquina de escribir que me regaló mi mamá. En ese tiempo, tenía como ocho o nueve años y leía algunos libros que encontraba en la biblioteca del colegio al que asistía, porque los pocos que había en mi casa los había devorado. Me pasaba el tiempo de los recreos leyendo y copiando algunos versos o frases en mis cuadernos. La poesía llegó así, de forma intuitiva, pulsional. Al poco tiempo, me inscribí a un taller de literatura que hacía un profe de castellano, ahí empecé a conocer otras voces, ejercicios escriturales y lecturas. Me inventé un seudónimo de poeta y con el taller escribíamos poemas que pegábamos en las murallas del colegio, eso duró hasta octavo.

¿Cuáles son tus referentes literarios? ¿Cómo fue ese camino en la búsqueda de una voz propia como poeta mujer y mapuche?

Creo que es muy difícil hablar de referentes literarios, mis influencias vienen de múltiples espacios, desde genealogías y memorias familiares hasta el vaivén de la filosofía. Sin embargo, si hubiese que nombrar quienes me han acompañado en este trayecto, diría que Guadalupe Santa Cruz, Adriana Paredes Pinda, Liliana Ancalao, Nadia Prado, Faumelisa Manquepillan, Elvira Hernández, Graciela Huinao, Soledad Fariña, Pedro Lemebel, Roxana Miranda Rupailaf, Diamela Eltit, Bárbara Délano, Clarice Lispector, Jamaica Kincaid, Selva Almada, Manuel Rojas y, por supuesto, Gabriela Mistral. Ha sido un viaje lento y en la escritura voy recogiendo fragmentos de todos los lugares que habito –territorios, voces, sueños, cuerpos–. Intento experimentar con formas y contenidos, y sobre todo, mi voz se ha calmado para escuchar a otros/as.

 ¿De qué manera se puede sostener un feminismo comprometido con la causa mapuche?

Un feminismo cuya razón no esté anclada a una supremacía socio-racial, burguesa y hegemónica. Que comprenda los procesos anticoloniales de estos territorios, que aprenda de la lucha que dan los pueblos. Un feminismo que no esté centrado en el género sino que pueda comprender las opresiones de clase y raza. Un feminismo que esté conectado con los territorios y las epistemologías de donde vive, con los cuerpos cercanos, con las vidas que amenaza el neoliberalismo (explotación laboral, extractivismos, daños a la naturaleza, etc). Que aprenda a escuchar, pero sobre todo que se atreva a hacer nütram (dialogar), que se reúna en torno a la política, a las resistencias. Un feminismo que se cuestione constantemente sus privilegio y que genere acción. Un feminismo autocrítico no solo en el discurso, que no imponga agendas y que no obligue a todas las mujeres a ser feministas, sino que justamente aprenda de otros saberes que no vienen de las élites dominantes.

Foto: escritoresindigenas.cl

En relación con lo anterior, ¿cuál es tu reflexión en torno a lo que sucedió el pasado Día Internacional de la Mujer en distintas ciudades del país?

Me interesa cómo se articulan políticamente los cuerpos para generar una potencia que desestabilice la ficción de orden. Esto me pasa con respecto a los imaginarios que impone el modelo neoliberal, donde todo parece funcionar, pero si uno se acerca a esa máquina, empieza a ver sus porosidades, comienzas a sospechar de la idea de país que venden. Creo que las revueltas comunitarias, feministas, populares, sociales, pueden llegar a interrumpir la imagen nacional higiénica donde todo se esconde bajo la alfombra. Me refiero a asesinatos, militarización de Wallmapu, TPP, espacios de depredación ambiental, ley antiterrorista, extractivismos feroces, etc.  Por eso creo que lo que nos demostró el 8 de marzo es la capacidad de organización política autónoma, que debe llegar a articularse con las otras luchas que se viven en estos territorios e implicarse con ellas. Yo participo de un colectivo mapuche feminista que se llama Rangiñtulewfü (entre ríos), algunas marchamos y como colectivo decidimos no plegarnos a la huelga, porque creemos en otras estrategias políticas que pueden ser más cercanas a nuestras realidades. En el sistema que habitamos, la huelga lamentablemente es un privilegio solo de algunos/as. En ese espacio no entran migrantes precarizadas, afrodescendientes, indígenas, niños/as, sujetas en situación carcelaria, etc. No están quienes no tienen derechos, porque sus cuerpos no importan. Creo que hay que fortalecer formas y tensionar algunos espacios feministas.

Y si mi bautizo
puede dejar los pecados
en prostitutas húmedas del desierto,
sumergido y solitario
cabalgo en mi río de viejas historias
donde estuve mientras ellos morían.

Río herido, comentaste en algunas entrevistas, proviene de tu apellido (Katrü-lewfü), pero también es una imagen muy potente donde confluyen, se acumulan los sufrimientos y la violencia ejercida sobre el pueblo mapuche. ¿Qué nos puedes comentar al respecto?

El nombre del libro Río herido está dado por una traducción poética de mi apellido Catrileo (Katrü-lewfü), desde allí parto para relatar la migración mapuche a la periferia santiaguina que es mi historia familiar, no obstante, también es una historia común en la sociedad mapuche, que da lugar a nuestra diáspora. Por eso, a pesar de hablar de un relato en particular, finalmente se transforma en una poética que conlleva múltiples voces. También juego con la figura del río como simbología del viaje que en sí mismo es el cauce, o el río que en sí mismo es una herida, una hendidura en la tierra. Además el poemario está escrito bajo el agua, con un lenguaje acuoso. También trato el tema de la memoria familiar, la pérdida de la lengua y el entre lugar que habitamos muchos que nacimos en la fütra waria (Santiago).

En este mismo sentido, ¿cómo conformaste tu identidad mapuche, desde la distancia, el desarraigo y de qué forma se refleja en tu trabajo como poeta?

La identidad la he concebido de forma política porque es reflexiva y activa, se piensa desde la comunidad, desde la sobrevivencia, el despojo colonial, las resistencias, las formas de lucha. En este país lo mapuche siempre se ha intentado tachar o despolitizar, y por eso considero que es importante reafirmarnos en un espacio que es racista y hostil, que impone dominaciones socio-raciales porque así ha fundado su República. Por eso, voy construyendo nuestra identidad a punta de esquirlas y memorias comunes. La Fütra waria también es territorio mapuche, acá siempre hubo la existencia de pu lamngen (hermanos/as) que habitaban estos territorios en convergencia y coexistencia con otros pueblos indígenas, antes y después de la llegada de los españoles. Hoy también resignificamos esta ciudad, somos parte de las migraciones forzadas por las reducciones posocupación de Wallmapu, las continuidades coloniales y el empobrecimiento que aquello generó. Sin embargo, esta ciudad también se ha ido mapuchizando con nosotros, acá existimos, nos relacionamos. Mi trabajo como poeta no puede estar absolutamente separado de todo lo que me conforma, esto emerge, va imbricado a la lucha por la liberación de nuestro pueblo.

Actualmente encontramos grandes poetas mapuche que abordan desde distintos registros la diáspora de su pueblo. ¿Qué rol crees que cumple la poesía dentro de una comunidad donde la oralidad y el rescate de la memoria son parte fundamental?

La poesía es parte importante del pueblo mapuche, porque siempre ha existido a partir del ül (canto). Esta costumbre traspasa las categorías rituales, porque se comprende de forma transversal en diversas instancias, incluso las más cotidianas. Por eso, creo que lo que occidentalmente entendemos por poesía vino a metamorfosear un aspecto cultural que ya existía. Eso ha generado otras formas que han enriquecido a la creación, desde la poesía escrita al rap mapuche. Creo que su rol sigue siendo el mismo, estar ahí cuando una la necesita, un gesto que posibilita el encuentro con un otro/a.

¿Estás trabajando en alguna nueva publicación?

Sí, estoy trabajando en lo ajustes finales de un libro narrativo que se llama Piñen que sale pronto por la editorial Libros del Pez Espiral. Además en una reunión de crónicas champurria, junto a Ángel Valderrama Cayuman.

Vía: Biblioteca Viva / Daniela Catrileo, poeta: «Voy construyendo nuestra identidad a punta de esquirlas y memorias comunes»